Acosta Hernández salió de Nagua con una pequeña maleta y llegó a la Capital cargado de planes, con la esperanza de cambiar el destino económico suyo y el de su familia. El tiempo ha ido pasado y hoy es un peluquero con vasta experiencia, cuya clientela se compone de alrededor de 250 personas que lo califican como un ser humano muy trabajador.
Acosta Hernández explica que practicó tanto y le puso tanto empeño al oficio que a los tres meses comenzó formalmente a tener los primeros clientes. “Entré a la peluquería a barrer, a limpiar, para que me enseñaran a recortar y aprendí. Hasta el sol de hoy estoy en esto”, narra.
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